sábado, 27 de febrero de 2016

La casa de la niebla




La casa de la niebla

I

señor, vos le diste a mi hermano un ford falcon rojo
para llegar a la casa de la niebla

y después qué

le dijiste?
le explicaste que el camino estaba cortado?
¿que el motor estaba roto?
¿que todo estaba roto?
¿que no había vuelta?

¿qué hiciste, cómo
para convencerlo?

para que te diera la mano
se sentara en la sillita de mentira
dejara que la oscura hostia de tu nombre
le llegara a la boca

¿o le metiste una piedra?
o una moneda, un gancho,
un papelito

de dónde lo enmudeciste, lo hiciste
olvidar
olvidarnos

qué señas le habrás hecho para que en vez de volver a casa
apagara el motor del falcon
se escurriera de la sedosa perfección del cuero
de la música en la radio
del ronroneo cachondo del auto
y se bajara con vos
para ir adónde

¿a cazar pajaritos?
¿a ver el dorado pasto extinguirse tras el fuego del invierno?
¿a romper el cristal del agua para que beban las crías?

o era verano, quizá, por entonces
y le diste el agua peligrosa de tu cielo

entradora, el aguita, sí
clarita, el agua, bueno
pero detrás de eso vos sabés que un agua así da más sed
uno se entierra más en el pozo
y más
hasta echarse tierra en el lomo

y ni el ángel constante y poderoso de los molinos de viento
puede salvarte
no

¿sabías que mi hermano iba a decir sí?

cuando viste el polvito que levantaba el falcon rojo en el camino
no pensaste dejarlo ir?

aunque sea, señor, porque él era toda belleza,
a esa edad,
toda alegría
toda
razón de ser

Elena Anníbali ( Del libro: "La casa de la niebla" Ediciones del Dock, Bs As 2015)

Preparo la cena



Preparo la cena

riña doméstica si las hay
la de escucharte
hablarme fuerte
mientras cocino
sin romper los platos
ni tirar nada
picar las respuestas
con la cebolla
el morrón
el ajo
la verdad que no hacía falta
trozar así el pollo

más tarde
dormiremos juntos
me vas a abrazar
voy a abrazarte
haremos
más que eso
mentiremos
que hacerlo
con esa energía
significa
mucho

Franco Rivero ( Del libro: "vos ahora voz" Editorial deacá 2014)

Enumeración del silencio





Enumeración del silencio

Un animal atraviesa el claro.
Sobre los párpados se asienta el polvo.

La tormenta se trama entre cuatro vientos.
En las paredes suspiran las grietas.

La palabra se detiene. Una estrella cae.

Mejor hagamos silencio.

La eternidad es corta.

Natalia Litvinova (del libro: "Grieta" Gog y Magog, 2012, reeditado en España y en Costa Rica)


viernes, 20 de noviembre de 2015

Mi mamá me puso Yamil...








Mi abuelo vivía en Homs
Siria
cinco litros de sangre vinieron en barco
vengo de ahí
de las calles de Homs que caminaban
mi abuelo
mi abuela
nunca me sentí menos que otro hombre
ni más que otro hombre
siempre me sentí menos que un niño
un hombre que muere en Homs
puedo ser yo
un niño que muere
mi hijo
un anciano
mi abuelo
de Homs a Casilda
hay mucho que andar
mi abuelo
se llamaba Wasfi
mi mamá me puso Yamil
para que no me olvide
para que todos sepan
del lugar donde vengo.

Yamil Dora (Del libro: "Un hombre encima del mar" Ediciones del Dock )



jueves, 12 de noviembre de 2015

Música de Cámara









Música de Cámara



Cámara es la síntesis,

es el viaje del encuentro, la idea sublime

que asoma en el perfume de la pipa

que nos mueve,

la sonrisa que nos convierte.

El gestar, comprender y hasta decir

coexisten en allegro, adagio y vivace:

las tres caras

del hombre que se triplica

infinitamente en el espejo del arte

del libro de arena

sobre un atril.

Nueve es la cifra del espacio

que nos invoca en la plenitud;

también en la unidad de las derrotas

la música calla

para volver a ser otra vez fénix.



Y los ángeles se agrupan en el espacio nueve,

los nueve coros, tres tríadas,

la silla, un piano y el cello:

tríadas de la perfección, orden en el desorden,

unidad de tres

o más de tres en el mundo.



Música de cámara: descender nueve escalones

que dominan y multiplican los sentidos.

Mirarse, un gesto para comenzar.


María Cecilia Micetich: escritora, docente universitaria, profesora de música y de literatura (UNR) e investigadora (UNL) Nació en 1979.

Boceto







Boceto


Me desperté de madrugada deseando tener un vestido blanco.
[…] Era un deseo intenso y lúcido.
ClariceLispector



En primer plano un borde rocoso se acantila
amplía el viento mi vestido blanco.
Al pie del farallón / el bramido azulísimo del mar.

No recuerdo en qué película
de pie sobre el humus
-húmedo-
hundía mi huella

la traición en vilo / el paso en falso:
álgido arabesco y posterior caída,
la tela vaporosa abría un embudo
perdía sus plumas.

Un toque de maquillaje y a escena.
La secuencia sobre papel manila,
boceto a plumín y tinta china.
La misma.
Siempre.


Marta Ortiz: Es poeta y narradora. Profesora y Licenciada en Letras egresada de la U N R.Nació en Rosario (Santa Fe), donde vive.

El Talismán






Los ojos de los que estamos continuamente al borde de la caída
o del tropiezo, no saben despegarse de la tierra. De qué sirve
una belleza material que no pueda tomarse entre las manos
como una piedra y ser llevada siempre encima del cuerpo
igual que esos objetos insignificantes
que un niño acarrea consigo donde vaya, y que lo hunden
en el terror o el desconcierto si se pierden.
No hay belleza para mí en las cosas
que no pueden volverse talismán contra las fuerzas
del desamparo o de la pena, y ninguna palabra podría hacer eso,
sólo la presencia física de lo que fue elegido por un amor oscuro,
cuyas leyes desconocemos, para preservar nuestra vida intacta
entre todos los peligros y accidentes que la acechan, a pesar
de que es ella, esa presencia amada, el peligro mayor,
porque no puede protegernos de su pérdida.



Claudia Masin (Del libro "La plenitud",Edit. Hilos, Buenos Aires, 2010.)